Ramon: “El silencio sería otra sombra, una forma de morir sin luchar”
Por Miguel Caballero | Imagina Más

 

“En la misma sangre que hospedo el virus del VIH, cargo (además de muchos sueños) el sentido de la integridad y la convicción de que la gran cura del sida es el combate al prejuicio.” Así comenzaba Ramon Nunes Mello una columna que hace casi tres meses publicaba la revista semanal Carta Capital, con motivo del 1 de diciembre, día mundial del sida. Llevaba por título “El sentido de la urgencia: la necesidad de conversar sobre el VIH.” La columna era un préstamo, pues normalmente la firma Jean Wyllys, el único diputado abiertamente gay en Brasil en estos momentos. Para el 1 de diciembre, Wyllys le cedió este espacio a Ramon.

Aquella publicación fue el trampolín que necesitaba para vivir su serología de forma política. “Decidí compartir públicamente mi diagnóstico porque tengo conciencia de que la visibilidad puede cambiar el imaginario social del VIH/sida. Necesitamos hablar más, sin tabúes, romper con la representación de que el VIH es igual a muerte, reforzar aún más los derechos ciudadanos de quien vive con el VIH. Es parte de mi naturaleza, hoy más que nunca, vivir de forma política. El silencio sería otra sombra, una forma de morir sin luchar.”

Ramon nació hace 32 años en la ciudad de Araruama. Hoy vive en Copacabana y cursa el máster en literatura brasileña de la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde estudia a la poeta Adalgisa Nery. El diagnóstico le llegó en 2012. Cuenta que desde el principio sintió la necesidad de hablar públicamente del VIH, aunque necesitó un tiempo largo de intimidad y conversaciones con amigos y familia para ganar en confianza. El impulso definitivo le llegó leyendo al sociólogo y escritor brasileño Herbert de Souza, o Betinho, cuando dijo: “Tengo la convicción de que el sida, como todo en la vida, es un asunto político, y que la política del sida tiene que ser construida a partir de la esperanza y el coraje.” Con su visibilidad y exposición pública, Ramon se unía a la estela de otrxs activistas seropositivxs de Brasil, como Valéria Piassa Polizzi, Salvador Correa, Bruno Cattoni, Cazu Barroz, Mara Moreira, Rafael Bolacha, João Geraldo Neto y Diego Callisto.

Esta idea de vivir la seropositividad de forma política genera algunas preguntas importantes. Hoy día, estando las cosas como están, el acto de hacerse visible es, sin duda, político. Parece que hemos firmado un pacto tácito: ‘El VIH está omnipresente, pero lxs seropositivos deben permanecer en silencio’. Darle la vuelta a esto es una posición radical, con consecuencias.

Ramon es poeta. Ha escrito Vinis mofados (2009), Poemas tirados de noticias de jornal (2011) y Há um mar no fundo de cada sonho (inédito, 2016), además de poemas sueltos en numerosas antologías. La poesía ha sido una aliada imprescindible para canalizar todo el maremoto de sensaciones que cualquiera experimenta tras el diagnóstico. “Enterarme de mi serología positiva hizo que me volcase aún más en la necesidad de entender mi subjetividad, y esto a través de la literatura y la espiritualidad. Toda palabra es un comienzo. Yo no creo que tenga que izar la bandera del combate al VIH en mi poesía. Pero sí puedo tratar el asunto de forma natural en mis escritos, sin tabúes.”

Ramon me concedió el privilegio de traducir uno de sus poemas:

Diálogo com William S. Burroughs


ser
extraplanetário
eu sou o outro você
in lak’ech ala k’in
transformo
objeto em sujeito
a linguagem
o verdadeiro
virus

diálogo com William S. Burroughs
ser
extraplanetario
yo soy otro tu

in lak’ech ala k’in
transformo
objeto en sujeto

el lenguaje
el verdadero
virus


El lenguaje, el verdadero virus. Sea en la poesía o escribiendo un blog, o simplemente invitando a conversar sobre el tema, somos muchxs lxs que pensamos que el VIH se combate con la palabra. Imaginad un mundo donde nadie condenara moralmente el preservativo; donde cualquier seropositivx recibiera el apoyo de su entorno y no sintiera vergüenza de medicarse; donde lxs políticxs no hubieran perdido años y millones en fondos para la investigación por considerar que el VIH es un virus que contrae quien lo merece y no necesita tanta atención. Todo esto es cuestión de lenguaje. Por desgracia, aunque la investigación sigue avanzando, la conversación social en torno al VIH corre peligro de fosilizarse en muchos lugares, y en otros está a años luz de equipararse al ritmo que van los avances médicos. Conversar es urgente, como decía Ramon en su columna.

Cuando yo mismo salí del armario del VIH para mis más cercanxs, alguien me preguntó: ¿Y vas a asumir el VIH como una identidad? Era una pregunta difícil en un momento en que apenas había compartido mi estatus serológico con tres o cuatro personas. Hoy que ya ha pasado un año de aquello, diría algo paradójico: a pesar de que cada vez escribo más y más sobre VIH, me involucro más y más, el VIH no es la identidad para mí, es sólo un fragmento más de quien soy. Sin embargo, sí me gusta referirme a mi estatus serológico como “soy seropositivo”. Hay más opciones: “vivo con el VIH”, “soy portadorx del VIH”. Ninguna de estas dos me convencen del todo. Yo vivo con mi marido, al VIH aún no le he visto el pelo; y lo de “portador” me hace imaginarme a mí mismo con una carretilla de aquí para allá transportando el virus. Va a ser que no. Me gusta “soy seropositivo” porque es una forma directa de decirlo, sin vergüenza. Ramon prefiere otra fórmula: “estoy seropositivo”. ¿Por qué?

“Porque antes de estar seropositivos somos individuos. Soy Ramon, brasileño, poeta, periodista, etc. Mi identidad está formada por tantas cosas, incluyendo mi cultura, mis creencias, y ahora la presencia del VIH. Prefiero afirmar: el sujeto soy yo, no el VIH. Sí se da una alteración de la identidad, pues hay un código de vida que debe ser respetado: ética, medicación, amor, salud. Pero el sujeto sigo siendo yo.”

El VIH es una condición extraña, un inquilino que no se ve. Yo sé que soy seropositivo porque un test así lo estipuló. Cuando decimos que somos/estamos seropositivxs, en realidad decimos que un test dijo eso, y que nos tomamos una o varias pastillas diarias, pero físicamente en muchos casos apenas hay cambios. Por otro lado, una vez que uno se hace visible como seropositivo hoy día, en estas circunstancias, ¿es posible no convertirse en activista? Somos tan poquitxs fuera del armario del VIH, que si no intervenimos en la conversación pública, al final las instituciones sanitarias, lxs periodistas, los gobiernos, etc. terminan hablando por nosotrxs, generalmente en forma de estadísticas.

Pues sí, ser seropositivx y visible es un acto político. Es poner cara e historia a lo que el resto del mundo sólo ve como un porcentaje, es tomar las riendas de nuestro propio relato.

¿Cómo reaccionó tu gente, y bueno, el país completo, cuando escribiste tu texto para la columna de Jean Wyllys? “La respuesta ha sido amorosa, muchas personas me buscaron para contarme su diagnóstico, para conversar. Si lo que escribí sirvió para ayudar a una única persona, ya me siento contento, pienso que lo importante es mostrar que no estamos solos, y más aún: que es preciso vivir bien, saludable y feliz. La visibilidad sirve de filtro, ahora sólo se me acerca quien ha dejado atrás los prejuicios”.

Una vez que unx sale del armario del VIH y que propone a lxs demás la necesidad de salir del armario para crear entre todos un imaginario del VIH hoy día, siempre se plantea la cuestión de aquellxs para lxs que la opción de la visibilidad no está disponible. Bien por dificultades emocionales, por estigma interiorizado, bien por presión externa, por riesgos tan palpables como perder el trabajo, involucrar a tu familia y temer represalias contra ellxs, o por vivir en un entorno completamente hostil al sexo y la salud sexual.

“No creo que todo el mundo tenga que ‘salir del armario’ del VIH, respeto a quien opta por el silencio. Lo hace quien quiere o quien puede, pero salir del armario del VIH supone posicionarse uno mismo contra sus propios prejuicios, y hay que prepararse para eso.” Siempre hay riesgos. No importa que vivamos rodeados de privilegios, con gente que nos apoya incondicionalmente. Hacerse visible siempre supone un riesgo. “La vida es riesgo. Obviamente, pensé mucho en los prejuicios que la visibilidad del VIH podría traerme. Conversé mucho con amigos, familias, pareja, y pensé mucho yo solo. Opté por mi libertad. Mi libertad de relacionarme sin miedo, de no tener que esconderme. De poder escribir sobre el asunto sin tabúes. ¿Cuál sería el riesgo, en mi caso? ¿De ser visto exclusivamente como portador del VIH? Puede ser. Pero yo sé lo que soy, cuánto valgo, cuánto amo. Ser consciente de esto me da fuerzas. Prefiero creer que corriendo ese riesgo podemos cambiar nuestra realidad para mejor”.

Entonces, ¿valió la pena la salir del armario del VIH?

“Como decía Fernando Pessoa, ‘Tudo vale a pena quando a alma não é pequena’. Sí, valió la pena“.

Me interesa qué piensas sobre este tema. Puedes escribirme abajo en los comentarios, en Facebook, o en O endereço de e-mail address está sendo protegido de spambots. Você precisa ativar o JavaScript enabled para vê-lo.

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más

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